No fue la policía quien lo descubrió todo. Fue un hermano.
A finales de octubre de 2017, en Tokio, un joven estaba desesperado: su hermana, de veintitrés años, llevaba días desaparecida. En los meses anteriores la chica había pasado por un momento durísimo tras la muerte de su madre, y en las redes sociales había escrito que ya no quería vivir. Su hermano consiguió entrar en su cuenta de Twitter y empezó a leer los mensajes. Uno de ellos le llamó la atención: un usuario que se ofrecía a «ayudarla».
Ese nombre llevó a los investigadores hasta un pequeño apartamento en Zama, una ciudad a unos sesenta kilómetros de la capital. La mañana del 31 de octubre de 2017, el día de Halloween, la policía entró. Y descubrió uno de los casos más estremecedores de la historia reciente de Japón.
El hombre detrás de la cuenta
El apartamento era de Takahiro Shiraishi, de 27 años. Antes de mudarse a Zama, en agosto de ese año, había trabajado en Kabukichō, el barrio rojo de Tokio, como captador de chicas para la prostitución. Quienes lo conocían lo describían como una persona inquietante.

En Twitter, Shiraishi había encontrado su terreno de caza. Buscaba los mensajes de quienes escribían que querían morir, los contactaba y se presentaba como alguien que los entendía. Prometía ayudarlos, o incluso morir con ellos. Después los invitaba a su casa.
En poco más de dos meses, entre finales de agosto y finales de octubre de 2017, en ese apartamento fueron asesinadas nueve personas: ocho chicas y mujeres jóvenes de entre 15 y 26 años, tres de ellas estudiantes de bachillerato, y un chico, el novio de una de las víctimas, asesinado porque se estaba acercando demasiado a la verdad.
Cómo actuaba
El método de Shiraishi se reconstruyó con detalle durante la investigación y el juicio. Contarlo no sirve para impresionar, sino para entender hasta qué punto todo estaba premeditado, y por qué la tesis del «consentimiento» de las víctimas no se sostuvo.
El cebo. En Twitter gestionaba varias cuentas. Una se llamaba «首吊り士», que puede traducirse como «el experto en ahorcamientos»: un nombre elegido para atraer precisamente a quienes buscaban una forma de quitarse la vida. En sus mensajes se presentaba como alguien que entendía el dolor ajeno e invitaba a escribirle en privado «en cualquier momento». A quien respondía le proponía morir juntos, o le ofrecía su «ayuda». No tenía ninguna intención de suicidarse. En muchos casos pedía a las chicas que no contaran nada a familiares ni amigos, quedaba con ellas en una estación cercana y luego las llevaba a casa.
El apartamento. Era un estudio en un edificio de madera de dos plantas, en el barrio de Midorigaoka, en Zama, alquilado a finales de agosto. Según la acusación, incluso el alquiler se había pagado con el dinero de la primera víctima: unos 510.000 yenes, unos pocos miles de euros, que la joven le había entregado porque confiaba en él. La habitación tenía un altillo, un detalle que resultaría clave.

La agresión. Una vez en casa, las víctimas recibían bebida: alcohol y somníferos que las dejaban débiles y confusas. Después Shiraishi las atacaba y las estrangulaba con una cuerda atada al altillo. En algunos cuerpos los investigadores encontraron heridas defensivas: las víctimas habían intentado salvarse. A las chicas les quitaba el dinero y las tarjetas, a veces cantidades mínimas, de unos cientos o unos miles de yenes. En el caso de las ocho mujeres, los cargos incluían también la agresión sexual.
Después. Shiraishi descuartizaba los cuerpos en la bañera para poder esconderlos. Tiraba gran parte de los restos con la basura doméstica, en bolsas cerradas, en puntos de recogida lejos de casa. Las cabezas y unos 240 huesos los guardaba en la habitación, en tres neveras portátiles y varios contenedores grandes, cubiertos de arena para gatos para disimular el olor. Más tarde diría que había pensado enterrarlos en la montaña. En el edificio, algunos vecinos habían notado un olor terrible, pero nadie imaginaba lo que había detrás de esa puerta.
El descubrimiento. El 24 de octubre el hermano de la joven de veintitrés años denunció su desaparición y empezó a buscar entre sus mensajes. Una mujer que había estado en contacto con Shiraishi aceptó ayudar a los investigadores y quedó con él el 30 de octubre en Machida. La policía lo siguió hasta su casa. Al día siguiente, cuando los agentes le preguntaron dónde estaba la joven desaparecida, Shiraishi señaló las neveras. Fue detenido por abandono de cadáver. Las acusaciones de asesinato llegaron después, una víctima tras otra.

Las víctimas
Detrás de las cifras había nueve vidas. Durante el juicio, sus familias contaron quiénes eran de verdad. Una chica de diecisiete años trabajaba en un restaurante de empanadillas y le había prometido a su padre que las harían juntos. Una joven de veinticinco años, tras un largo periodo de aislamiento, había encontrado trabajo en una tienda de conveniencia y ahorraba para formar una familia. La joven de veintitrés años, cuyo hermano dio la alarma, estaba saliendo poco a poco de su etapa más oscura.
Eran personas en un momento de fragilidad. Y fue precisamente esa fragilidad la que Shiraishi eligió aprovechar.
El juicio y la cuestión del consentimiento
El juicio se abrió en 2020 ante la sección de Tachikawa del Tribunal de Distrito de Tokio. Shiraishi se declaró culpable de todo. Aun así, el juicio fue cualquier cosa menos sencillo.

La cuestión central era una pregunta terrible. Sus abogados sostuvieron que las víctimas, al haber escrito que querían morir, habían dado una especie de consentimiento tácito, y que por tanto su cliente debía responder de un delito mucho menos grave, el homicidio consentido, castigado en Japón con pocos años de cárcel. También pidieron que se evaluara su capacidad mental.
Fue el propio Shiraishi quien desmintió a sus abogados. Declaró ante el tribunal que no había habido ningún consentimiento y que había matado por dinero y por sus impulsos. Acusó a su defensa de «traición» y se negó a responder a sus preguntas. La acusación también señaló que las víctimas habían intentado defenderse, y que antes de conocerlo muchas habían hablado con sus familias de sus planes de futuro.
El 15 de diciembre de 2020 el juez Naokuni Yano leyó la sentencia: ninguna de las víctimas había aceptado ser asesinada, y el acusado era plenamente responsable de sus actos. La condena fue la pena de muerte. Shiraishi renunció a la apelación y, a principios de 2021, la sentencia fue firme.
La ejecución
El 27 de junio de 2025 Takahiro Shiraishi fue ejecutado en el centro de detención de Tokio. Tenía 34 años. Fue la primera ejecución en Japón en casi tres años: la anterior se remontaba a julio de 2022.
Su muerte reabrió también en Japón el debate sobre la pena capital, que el país sigue aplicando pese a las críticas internacionales. Pocos meses antes, en octubre de 2024, había sido absuelto definitivamente Iwao Hakamata, un exboxeador que pasó más de cuarenta años en el corredor de la muerte por un asesinato que no había cometido.
Una lección que nos concierne a todos
El caso Shiraishi conmocionó a Japón sobre todo por la forma en que había logrado acercarse a sus víctimas. No en callejones oscuros, sino en una red social que usan a diario millones de personas. Personas que pedían ayuda y encontraron a la persona equivocada.
El propio juez, en la sentencia, subrayó cómo esos crímenes habían sacudido profundamente a una sociedad en la que las redes sociales forman parte de la vida de todos. Quizá sea esto lo más inquietante de esta historia: quien pide ayuda en internet merece encontrar a alguien que se la dé de verdad.
Si estás pasando por un momento difícil, no te quedes solo. En España puedes llamar a la Línea de atención a la conducta suicida, el 024. En caso de emergencia, llama al 112 o al número de emergencias de tu país.
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- 座間9人殺害事件 – Wikipedia (JA)
- Takahiro Shiraishi, Twitter Killer Who Lured Victims to His Apartment, Sentenced to Death – The Daily Beast
- 座間9人殺害事件で被告に死刑判決 – Diamond Online
- Takahiro Shiraishi – Wikipedia (EN)
- South China Morning Post, Japan’s ‘Twitter killer’ Takahiro Shiraishi sentenced to death for nine murders, 2020.
- The Business Standard / AFP, crónicas del juicio, 2020.
- Al Jazeera, Japan executes by hanging ‘Twitter killer’ who murdered 9, 2025.
- Nippon.com, Hanging of Zama Killer is Japan’s First Execution Since 2022, 2025.






