El 23 de octubre de 2026, el Pentágono publicó el séptimo lote de sus archivos ovni. El documento más comentado describe un objeto triangular negro y totalmente silencioso que vieron agentes federales sobre un sitio sensible del oeste de Estados Unidos. La oficina que investiga los fenómenos anómalos no tiene explicación y pide seguir indagando. Pero los «triángulos negros» son uno de los misterios más persistentes de la ufología: desde Bélgica hasta Arizona, se habla de ellos desde hace más de cuarenta años.
Es de noche en un cañón del oeste estadounidense. Dos agentes federales que custodian una instalación cuyo nombre no se ha revelado ven algo que asoma detrás de una cresta: una silueta oscura, mate, con forma de triángulo. Se queda suspendida unos veinte segundos y luego se desliza en horizontal a una velocidad que no parece propia de ninguna aeronave conocida. Ni ruido de motor ni zumbido de hélices. Solo silencio.
No es el comienzo de una novela, sino el resumen de un informe oficial difundido por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que hoy también se presenta como Departamento de Guerra. Y lo más inquietante es que quienes lo redactaron no saben decir qué era.
Qué dice el nuevo archivo del Pentágono
El informe forma parte de la séptima entrega de PURSUE (Presidential Unsealing and Reporting System for UAP Encounters), el programa con el que, desde mayo de 2026, el gobierno estadounidense publica de forma periódica expedientes, memorandos y testimonios sobre los UAP, los «fenómenos anómalos no identificados», como llaman hoy las instituciones a los ovnis. Las entregas anteriores salieron entre mayo y septiembre; esta llegó el viernes 23 de octubre.
Según el sitio de divulgación científica EarthSky y el medio The National Desk, el episodio ocurrió en junio de 2026 y se prolongó durante dos días. Lo vieron dos agentes especiales federales, y un tercer funcionario, desde otro puesto de observación, confirmó su relato. En el caso trabajaron tanto el FBI como AARO, la oficina del Pentágono creada en 2022 para reunir y analizar los reportes de fenómenos anómalos.
Las descripciones son llamativamente precisas. El objeto tendría entre 4 y 5 metros de ancho, entre 2 y 3 de largo y apenas unas decenas de centímetros de grosor: más o menos el tamaño de un auto, mucho más pequeño que los enormes triángulos de los testimonios clásicos. Se habría elevado entre 60 y 90 metros sobre la cresta, se habría quedado inmóvil y después habría salido disparado, recorriendo según un documento unos dos kilómetros y medio en tres segundos. Un memorando de AARO subraya un detalle: el silencio absoluto incluso durante la fase de alta velocidad. A la mañana siguiente, una inspección del barranco no encontró restos, quemaduras ni vegetación dañada.
La fecha exacta y el lugar están tachados. AARO no propone explicaciones y se limita a recomendar más investigación, porque el caso se parece a otros reportes del oeste de Estados Unidos. Los funcionarios aclaran que la etiqueta «sin resolver» solo significa que faltan datos para una identificación segura, no que se trate de algo extraterrestre.
No solo triángulos: Skinwalker Ranch y los «fragmentos» espaciales
El lote de octubre también incluye material histórico: reportes de objetos cilíndricos o elípticos avistados en Suecia en 1953 y en Arabia Saudita en 1957; pautas de los años sesenta, compartidas por la NASA y Defensa, sobre cómo tratar posibles fragmentos de vehículos espaciales recuperados, con una curiosa categoría para la tecnología «no identificable»; y los informes de BAASS, la empresa de Robert Bigelow que entre 2008 y 2010 trabajó para la Agencia de Inteligencia de Defensa en el programa AAWSAP. Entre ellos aparece un informe de 2010 sobre el Skinwalker Ranch, el rancho de Utah famoso desde hace décadas por historias de luces extrañas y ganado mutilado, y el dibujo de un testigo que en 2009 trazó un disco con una cúpula.
Cuatro décadas de triángulos negros
Para entender por qué este informe ha hecho tanto ruido hay que mirar atrás. El «triángulo negro» es casi un género propio en la historia de los avistamientos, con rasgos que se repiten: forma triangular o de bumerán, luces en las esquinas, vuelo lento y bajo, silencio.
En los años ochenta, en el valle del Hudson, al norte de Nueva York, miles de personas aseguraron haber visto un enorme bumerán de luces sobrevolando carreteras y pueblos. Los escépticos atribuyeron al menos una parte a un grupo de pilotos de avionetas que volaban de noche en formación cerrada; muchos testigos nunca quedaron convencidos.
El caso más célebre llegó de Europa. Entre noviembre de 1989 y 1990, Bélgica vivió la llamada «oleada belga»: cientos de reportes de triángulos oscuros con luces, a partir de la noche en que dos gendarmes cerca de Eupen contaron que habían seguido durante largo rato a un objeto silencioso. En la noche del 30 al 31 de marzo de 1990, la Fuerza Aérea belga llegó a enviar dos F-16 para interceptar ecos de radar anómalos, sin un resultado claro. La foto emblemática de aquella oleada, tomada en Petit-Rechain, resultó años después ser un montaje hecho con una maqueta de poliestireno, pero eso no explicó las decenas de testimonios de gendarmes y ciudadanos.
Luego están las Luces de Phoenix del 13 de marzo de 1997, cuando miles de habitantes de Arizona vieron una formación de luces en V cruzar el cielo. Parte del suceso se atribuyó a bengalas lanzadas por aviones militares durante un ejercicio; la primera parte del avistamiento, para muchos, sigue sin una respuesta convincente.
Las explicaciones posibles
La explicación más terrenal tiene nombre: aviones secretos. El caza furtivo F-117 Nighthawk, oscuro y lleno de aristas, voló en secreto durante años antes de que se admitiera su existencia en noviembre de 1988, el mismo mes en que se presentó el bombardero B-2 con forma de ala volante. No cuesta imaginar que parte de los avistamientos de esa época tuviera que ver con prototipos militares. Hoy, la misma lógica vale para los drones: un objeto de pocos metros, oscuro y capaz de maniobras rápidas, podría ser un dron experimental, estadounidense o de otro país, quizá espiando justamente un sitio sensible.
Aun así, hay detalles incómodos. Un dron capaz de recorrer dos kilómetros y medio en tres segundos debería hacer ruido, y los agentes insisten en que no oyeron nada. La falta de rastros en el suelo deja varias puertas abiertas: errores de percepción nocturna, una mala estimación de la distancia o, sencillamente, una tecnología que no conocemos. El informe no demuestra en absoluto la existencia de visitantes extraterrestres. Pero sí muestra que, cuarenta años después, incluso personas entrenadas para observar siguen viendo en la oscuridad la misma forma.
Por qué importan estos archivos
Durante décadas, los triángulos negros fueron cosa de foros y programas de radio de madrugada. Verlos en un documento oficial, con medidas, testimonios cruzados y el sello de una oficina del Pentágono, cambia el tono de la conversación: no la cierra, la vuelve más seria. Y PURSUE ya anunció que vendrán más archivos en los próximos meses.
Si te fascinan los encuentros cercanos, lee también la historia del secuestro alienígena de Pier Fortunato Zanfretta, el caso de abducción más famoso de Italia, y el misterio de las desapariciones en el Triángulo de Alaska.
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- EarthSky – Pentagon UAP files part 7: Silent black triangles
- The National Desk – Federal agents reported seeing silent black triangle in latest UFO file release
- Axios – Mysterious «flying triangle» sighting leads new government release of UFO documents
- Departamento de Defensa de EE. UU. – Archivo PURSUE de expedientes UAP
Imagen destacada: aviones furtivos F-117 Nighthawk sobre Nuevo México. Foto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Wikimedia Commons, dominio público.
